Archivo diario: marzo 6, 2008

¿Es el proyecto el ingrediente más escaso?

Continúo con la reflexión del ‘post anterior‘ y las de los comentarios suscitados (Gracias, Genís y Mercè). Supongamos que tendríamos un acuerdo de mínimos en los siguientes términos:

  • Hoy por hoy, no parece razonable concebir el progreso (económico, social, …) sin aprovechar las posibilidades de las tecnologías de la información y la comunicación (las TIC).
  • Pero las TIC no generan sociedad ni progreso en sí mismas. Son las prácticas de uso de las personas o los grupos sociales que utilizan las TIC las que les dan sentido.

Sabemos, además que utilizan más intensamente Internet quienes tienen mayor interés en hacerlo, por el motivo que sea. Muchas Administraciones públicas españolas, por ejemplo, son ejemplarmente eficientes en el uso de Internet para facilitar la recaudación de impuestos y el pago de multas. Pero ha hecho falta una Ley para que esas mismas administraciones se obliguen a admitir la relación electrónica con los ciudadanos en los trámites que éstos elijan.

Otro ejemplo. Como Internet permite la comunicación anónima, es inevitable que atraiga también a quienes tienen interés en actuar anónimamente. Por ejemplo, a los delincuentes y los terroristas; a los interesados en acceder pornografía o difundirla. También, desde luego, a los cotillas; a los que desean buscar pareja discretamente; a los que quieran consultar información u obtener consejos de naturaleza reservada, quizá sobre un problema de salud o de adicción.

Podría seguir, pero supongo que la idea está ya clara. Las personas y las sociedades utilizan Internet y las nuevas tecnologías, según sus intereses, actitudes, valores y disposiciones. Las tecnologías no tienen valores; los adquieren. No determinan la sociedad en una dirección concreta; se adoptan y adaptan en tantos sentidos como la heterogeneidad de la sociedad admite.

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Con vistas a impulsar “nuestra” sociedad de la información y del conocimiento (por llamarla de algún modo), propongo reflexionar sobre cómo reflejar propuestas estructuradas sobre el esquema del cuadro adjunto (o de cualquier mejora que se quiera proponer). La idea central es que cualquier propuesta sobre un ‘referente tecnológico‘ (la banda ancha, Internet móvil, …) vaya acompañada de una visualización de las ‘prácticas informacionales‘ que se considera proponer. Y que esas prácticas, que suponen gente actuando, invirtiendo tiempo, esfuerzo y/o dinero, tengan un encaje en un proyecto que se pueda explicar y gestionar.

Mi convicción (provisional) es que en el proyecto está la clave, y que de hecho éste es el componente más escaso en nuestro entorno:

  • Porque se da una ‘fractura digital‘ en las estrategias de muchos de los líderes políticos y de los estamentos sociales de mayor influencia. Una fractura que se manifiesta en la dificultad de integrar explícitamente las TIC en los proyectos que lideran o proponen.
  • Pero, al mismo tiempo, creo que hay déficit de proyecto en las propuestas de la mayoría de los “ilustrados-TIC” que reclaman con mayor energía un uso más intenso de las tecnologías.

Volviendo, por ejemplo, a la carta abierta que suscita este serie de ‘posts’, contiene una afirmación que podríamos compartir:

Las decisiones que presidentes y consejeros delegados vais a tomar en el corto plazo nos pueden enviar al furgón de cola de la economía del conocimiento si no toman en consideración la profundidad de la revolución que significa la sociedad en red“.

Pero no me parece de recibo que no vaya acompañada de como mínimo una propuesta concreta de una actuación que pudiera incorporarnos al grupo de cabeza de la economía del conocimiento.

Postulo, por tanto, abierto a debate, sugerencias y comentarios, que hay un déficit de proyecto, materializado en la dificultad de muchos de “rellenar el formulario” de un modo convincente. Algunos tendrían proyecto, pero dificultades para incluir en él las tecnologías y las prácticas informacionales. Otros viven instalados en las tecnologías y algunas prácticas informacionales, pero no parecen en condiciones de articular un proyecto coherente y convincente.

Lo cual, quede claro, no expongo como una crítica, sino como una reflexión que también me afecta. Y que continuará.

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