Neutralidad de red: ¿Ideología o razón?

Mayo 27, 2007

Tuve la oportunidad, hace un par de días, de asistir en el IESE a una conferencia del profesor de Berkeley Michael Katz (detalles) sobre la cuestión de la “neutralidad de la red”. Una cuestión que está empezando a generar una cierta polémica.

Los operadores de red se enfrentan a la necesidad de abordar grandes inversiones para aumentar en hasta dos órdenes de magnitud el ancho de banda que pueden ofrecer a sus clientes, llegando hasta los 100 megabits por segundo. Para ello precisan desplegar nuevas redes, sea haciendo llegar cables de fibra óptica hasta los edificios, o bien utlizando nuevas tecnologías inalámbricas de altas prestaciones, lo que requiere inversiones muy considerables.

Lo que se debate es si procede imponer a los operadores algún tipo de regulación específica (aparte de la legislación sobre la competencia) al respecto de esas nuevas redes. En particular, se trataría de regular si:

  • Los operadores podrían discriminar en el acceso a sus redes a determinados prestadores de aplicaciones de Internet (por ejemplo, bloquear a los que ofrecen servicios de voz sobre IP, los de intercambio de materiales con técnicas P2P, o cualquier otro).
  • Los operadores podrían ofrecer niveles diferenciados de calidad, prestaciones y precio en el acceso a Internet, tanto a los prestadores de aplicaciones como a los usuarios.

Las posiciones de los agentes del mercado sobre estos asuntos son las previsibles. Los proveedores de aplicaciones piden acceso libre a las redes y una reglamentación que impida que los operadores discriminarles en precio o en calidad. Por su parte, los operadores piden libertad para rentabilizar sus inversiones de la forma que consideren más apropiada, dentro de las reglas generales de las prácticas comerciales. Con una consideración añadida. La rentabilidad sobre inversiones de los provedores de aplicaciones es mucho mayor que la que obtienen los operadores. Un argumento que éstos esgrimen para justificar que aquéllos ayuden a financiarlas.

La cuestión se complica cuando las partes, en lugar de mantener la cuestión en el plano del debate entre estrategias de negocio, apelan al “interés general” o al “bien común” para defender sus posiciones. Unos aducen el riesgo de que imponiendo según que condiciones a los proveedores de aplicaciones, los operadores pondrían cortapisas a innovaciones en la red, y por tanto a la mejor evolución de la misma. Los otros avisan de la posibilidad de posponer inversiones si no se dan las condiciones que permitan rentabilizarlas.

Lo curioso del caso es que, según los argumentos del profesor Katz, los argumentos a favor de imponer restricciones a los operadores para asegurar la neutralidad de la red carecen de base científica. Según sus modelos matemáticos, si las partes actúan racionalmente para optimizar su beneficio no habría motivo que impidera que lo consiguieran. Los riesgos que se esgrimen no serían riesgos para ninguna de las partes ni para el bien común. Bastaría pues, desde su perspectiva, con aplicar las reglas generales sobre la competencia.

Pero el caso es que la opinión pública que se ha movilizado en mayor medida tiende a estar a favor de que una regulación específica sobre el acceso a la red. Por más que, según Katz, esta posición no tenga una base científico-racional.

La cuestión, me atrevería a conjeturar, nos llevaría al ámbito de la psicología social. Una buena parte de las posiciones “no técnicas” sobre este asunto se plantean como si se tratara de una cuestión entre “buenos” (los proveedores de aplicaciones de Internet) y “malos” (los operadores). El matiz que a mí me resulta más llamativo es que los “ilustrados de Internet” apoyan, supuestamente defendiendo los intereses generales, que se maximicen los beneficios de los proveedores de aplicaciones y a la vez que se limiten las ganancias de los operadores. También que el resto de posiciones no aparezcan apenas en el espacio público.

Una cuestión sólo que puede entenderse, creo, profundizando en los “mapas mentales” de los “ilustrados de Internet”. Un ejercicio que, como otros de psicología social que irán apareciendo en este blog, abordaremos en otra ocasión.


¿Es Google una amenaza personal?

Mayo 26, 2007

El asunto de la privacidad en la red ha vuelto esta semana a primer plano a raíz de unas declaraciones de Google (recogidas en muchos medios, aunque mi preferido en este caso es el Financial Times). El presidente de la compañíaha declarado que una extensión lógica de la misión original de la compañía, organizar la información del mundo, es recolectar más información personal sobre los usuarios.

No se trata de una fruslería. Para Google, ordenar la información en la red no es una misión filantrópica, sino la plataforma para un sensacional negocio de publicidad. Google cree que recopilar y organizar la información personal sería una plataforma para ayudarnos a organizar nuestra vida, y cobrarnos por ello. Según el FT, “El objetivo es permitir a los usuarios de Google preguntar cosas como ‘¿Qué tendría que hacer mañana?’ o ‘¿Cuál debería ser mi próximo trabajo?’.

Estas declaraciones han suscitado una cierta polémica, recogida ampliamente en la web del FT, animada sobre todo por los defensores de la privacidad, incluyendo la Comisión Europea.

Nada que objetar, sino fuera porque tengo en absoluto la sensación de tener ahora bajo control la información que exista por ahí afuera sobre mis datos o mi vida privada, en manos de las administraciones o de empresas. Personalmente, doy ya por perdida la batalla por el concepto tradicional de privacidad.

(Como en tantas otras cosas, ¿no nos obliga la realidad de la Red a repensar nuestro concepto de privacidad?)

De hecho, incluso podría ganar algo si Google consiguiera cumplir apropiadamente su objetivo. No hay día en que no reciba en mi casa, a horas inoportunas, llamadas de compañías que intentan venderme algo, que me llaman por mi nombre y apellidos, pero que parecen ignorar que mi primera respuesta es, invariablemente, “Lo siento, pero no aceptamos ofertas por teléfono”. Por no hablar de la propaganda con la que partidos políticos a los que nunca he votado ni votaré colapsan mi buzón físico. Si Google les diera esa información, personal, quizá dejaran de asaltarme. Lo agradecería.

Por otra parte, el objetivo de Google me suscita una pregunta, digamos, filosófica. Supongamos que me pasara días y días continuamente conectado, y que Google, o quien fuera, pudiera así recoger mucha, toda, la información sobre mis actividades. Sabría lo que hago, pero, ¿qué sabría realmente de mí? ¿Somos o no algo más que los datos que puedan recoger sobre nosotros? ¿Qué parte de nosotros volcamos en nuestro contacto con la red?

Quiero pensar que, desde donde sea que el espírituo de Sócrates conozca las aspiraciones de Google, el filósofo no cambiaría su “Conócete a tí mismo” por un “Pregúntale a Google”. Eso sí que lo encontraría preocupante.


¿Por qué no se valoran las carreras?

Mayo 22, 2007

El País de hoy (Martes 22 de Mayo) contiene un artículo (ver) sobre el escaso diferencial de salarios entre quienes tienen (y no) un título universitario, algo que ya comentaba en un post anterior (ver aquí). Un artículo que ha provocado centenares de comentarios en la web del periódico.

Desde la perspectiva este blog, la cuestión es bastante sencilla. Todo el mundo admite que una de las claves para competir en la sociedad de la información y el conocimiento (o como quiera que escojamos llamar a la sociedad actual e inmediata) es la cualificación de los profesionales, y que ésta tiene que empezar en las universidades, aunque luego continúe toda la vida.

Eso, en teoría. Si en la práctica la preparación universitaria no se refleja lo suficiente en mejores salarios y mejores perspectivas profesionales, sólo hay dos posibles diagnósticos. O bien falla la oferta, lo que sería el caso si los universitarios no acaban suficiente o adecuadamente preparados. O bien falla la demanda, lo que sucedería si los empresarios no supieran cómo aprovechar a jóvenes cualificados para hacer funcionar mejor sus empresas. O ambos a la vez.

No se trata de buscar culpables, sino soluciones y responsables de ponerlas en práctica. Me parece más que posible que haga falta un proceso de “reconstrucción social” de nuestras universidades y su relación con las empresas, a la par que una renovación de nuestro tejido productivo y de su relación con las universidades.

¿Quién le pone el cascabel al gato? La situación no es nueva. A finales del siglo XIX y principios del XX, los industriales de los EEUU decidieron que necesitaban convertir los “laborious thinkers” que entonces producían las universidades en “thinking laborers” para hacer crecer las empresas. De ahí nació la renovación de las universidades norteamericanas, incluyendo la creación de los institutos politécnicos (como MIT, Carnegie-Mellon y otros).

¿Nos hace falta aquí algo parecido?


Desconectados, casi

Mayo 20, 2007

The Economist ha publicado hace poco su índice anual ‘e-readyness‘ de desarrollo internacional de la sociedad de la información en 7x países (Ver). El ranking, al igual que el ranking del World Economic Forum, que comentaba en un ‘post’ anterior, está encabezado por Dinamarca, con los países nórdicos europeos en las primeras posiciones.

La prensa se ha hecho eco de que España aparece en el puesto 23, después de los países que acostumbramos a tomar como referencia, pero también de otros como Malta y Bermudas. Como país, estamos pues instalados en la “fractura digital”, una brecha que nos separa en conjunto de las naciones más avanzadas en el uso de las tecnologías de la información.

El índice compendia seis tipos de indicadores: la infraestructura tecnológica, el entorno de negocios, el entorno social y cultural, el entorno legal, las políticas y visión del Gobierno y la adopción de las tecnologías por parte de los ciudadanos y los negocios.

Resulta curioso comprobar que existen, incluso entre los países líderes, perfiles distintos. Los países nórdicos (y también Singapur) tienen consistentemente los mejores ránkings en cuanto a la visión de los Gobiernos y las políticas públicas. En cambio, en países como los EEUU e Inglaterra, son la sociedad civil, los ciudadanos y negocios, los que aparentemente tiran el carro.

En cuanto a España, lo único destacable es que no destaca en ningún apartado, quedando en todos clasificada entre el puesto 22 y el 27. Creo que preferiría un perfil más desequilibrado; que lideráramos la clasificación en algún apartado, aún a costa de estar más retrasados de la cuenta en algún otro.

Pero no. Si, como apuntaba al principio, resulta que estamos en el lado malo de la fractura digital, lo estamos en todas las facetas. Lo que hace más difícil encontrar el liderazgo que provoque el cambio de ritmo que nos convendría. En fin.


Agobiados por las tecnologías?

Mayo 13, 2007

El incidente del otro día (un lector preguntándose qué son las TIC de las que escribo) me ha hecho pensar. ¿Es un comentario representativo? ¿Cuántos lectores potenciales hay por ahí que tienen un cierto interés o curiosidad por las tecnologías, pero no en el mundillo de los forofos, de los techies, ni en el lenguage que utilizan los expertos?

Sospecho que unos cuantos. Revisando mi archivo de noticias he dado con la de un informe reciente (ver) según el cual “para tres de cuatro europeos, la tecnología cambia tan rápidamente que les resulta imposible asumir esos cambios“.

Desde mi punto de vista, dos reflexiones. La primera es que la industria de las tecnologías de la información (las famosas TIC) no se mueve al ritmo de las “necesidades” de los clientes, sino más bien de las de la propia industria, que no sabría cómo moverse más despacio o crecer menos. Al fin y al cabo, como muchas industrias orientadas a mercados de consumo.

La diferencia es que una sobre-oferta de tipos de cereales, de modelos de ropa de temporada, de libros, cine o música, no agobia a casi nadie. Tenemos unos patrones mentales más o menos estables al respecto de esos artículos. Sabemos para qué sirven, cómo utilizarlos, hemos ya decidido qué tipo de relación queremos tener con ellos.

No es lo mismo con los productos TIC. Nos fascinan sus posibilidades y nos atrae la idea de incorporarlos más intensamente a nuestras vidas, pero lo cierto es que no nos lo ponen fácil.

Una experiencia reciente. Me sugirieron conectar mi portátil a mi TV de 32″ para ver los videos que un amigo baja de Internet. Paso 1: Conectar el ordenador a la tele. No trivial. Una hora o así para poder ver desde el PC los videos que lee mi DVD. Paso 2: El  video de mi amigo viene en un formato (DiVx) que mi ordenador no lee. Me sugiere que baje un “driver” de Internet. Consigo finalmente que el video se vea, pero no que se oiga. Paso 3: Más conexiones a Internet para reconfigurar la tarjeta gráfica. Al final se oye, pero con un eco insoportable. Decido abandonar y quedarme en los videos legales. Pero descubro que después de tanta manipulación los CDs ya no se oyen como antes. Paso 4: Desmontar todos drivers montados y recuperar la configuración anterior. Total: Varias horas perdidas.

La reacción esperable de los ‘techies’ es que me convendría un ciclo de “re-alfabetización digital”. Pero llevo 30 años trabajando por ordenadores, y creo no ser arrogante sosteniendo que si para mí ha sido una operación difícil lo sería más para la mayoría.  La responsabilidad, por tanto, está del otro lado. Si la receta políticamente correcta es “centrarse en el cliente”, deberíamos rechazar sin ningún tipo de vergüenza los productos que no estén pensados para nosotros.

Si alguien de los que me lea ha tenido experiencias similares, le invito a compartirlas. Si juntamos suficientes, podemos hasta escribir un Manifiesto.

Porque, en el camino hacia “nuestra” sociedad de la información, quedan todavía bastantes cosas por encajar.


Instrucción, Distracción, Concentración

Mayo 11, 2007

El New York Times (ver) explica que varias escuelas públicas del área de Nueva York están dando marcha atrás en programas de dotación de ordenadores portátiles.

Como parte de esos programas, algunos grupos disponían permanentemente de un ordenador portátil por alumno. Algo que debería ayudar a la experiencia docente o a la de aprendizaje. Sin embargo, según el artículo, después de varios años de experiencia en el programa no se ha encuentrado evidencia de que los resultados académicos de los grupos que disponían de ordenadores hayan sido mejores.

De entre los comentarios de los docentes, dos me llaman especialmente la atención. Indican, en primer lugar, que cuando el estudiante adquiere una relación “personal” con su ordenador, éste se convierte en más en una “distracción” que en una herramienta educativa.

Encaja con los que me explican amigos y amigas que son padres de adolescentes. Parece que el ordenador les ayuda a dispersarse; que a los muy jóvenes les cuesta resistir las múltiples tentaciones de distraerse que ofrece un ordenador. ¿Hace falta que las enumere? Seguramente no, porque los adultos, yo el primero, no somos inmunes a ese tipo de tentación.

No me atreveré a sugerir una relación causa-efecto. ¿Los ordenadores y los móviles ayudan a que los adolescentes se dispersen? ¿O es al revés? ¿Resulta ser que los adolescentes son dispersos, y por eso son más afines a esos ‘gadgets’ tecnológicos?

(Estos días está en las carteleras “Esto es ritmo!”, una película-documental sobre cómo se preparó una representación de “La consagración de la primavera” con la Filarmónica de Berlín y un elenco de 250 jóvenes bailarines alemanes no profesionales. Uno de los protagonistas es el maestro de danza, responsable de preparar a los bailarines. Su comentario en el primer ensayo es precisamente sobre la dificultad de que los jóvenes sean capaces de guardar silencio, de atender y concentrarse durante las dos horas de la sesión. Sin ordenadores, por supuesto).

Un segundo comentario de los docentes es sobre la búsqueda de información en Internet: “Se está perdiendo el arte de pensar. Porque la gente puede teclear una palabra y encontrar una fuente ya piensa que éso es todo”. En el vocabulario popular, de alguien que no tiene las ideas claras se dice que “navega”. “Navegar por Internet” puede pues ser una expresión de doble sentido. Quizá encontrar, quizá perderse.

Para mí, la conclusión es clara: Los ordenadores e Internet, como muchas otras, son tecnologías de doble uso. Es evidente que pueden ser muy beneficiosas. Pero no está garantizado que lo sean. Nos fascinan. Pero estamos todavía lejos de tenerlas dominadas.

Como se supone que los blogs son un medio interactivo, una cuestión final. ¿Os pasa también a vosotros? ¿Encontráis también que a veces sentarse delante del ordenador se convierte más en una manera de “matar el tiempo” que en una experiencia productiva?


¿Qué son las TIC?

Mayo 10, 2007

Un(a) lector(a) me pregunta, al hilo de mi último post,

Su blog parece interesante. Pero, ¿qué son las TIC?

Un fallo garrafal … mío, no de él o ella.

Para los que pululamos por el mundillo, las TIC son las “Tecnologías de la Información y la Comunicación“. O sea, los ordenadores, los móviles, el ADSL, lel Google, el email, la Playstation y similares.

Como estamos todo el día hablando de ello, referirnos a las TIC es ya un ‘tic’. Que, por supuesto, no tienen por qué compartir los lectores que vivan o trabajen en otros ámbitos, y que son más que bienvenidos a leer y comentar este espacio.

No pretendo escribir aquí para especialistas. Todo lo contrario. Creo que, parafraseando un viejo aforismo, las TIC son demasiado importantes como para dejarlas sólo en manos de los (supuestamente) expertos en esas tecnologías. También, y éste es uno de mis objetivos, lo suficientemente importantes como para que se interesen por las TIC quienes no pretenden ser expertos en las tecnologías.

Al fin y al cabo, muchos conducimos un coche sin acabar de entender qué hay debajo del capó. Y miramos la Fórmula 1 (este fin de semana en casa) sin ser expertos ni en motores, ni en neumáticos. ¿Por qué las TIC tendrían que ser distintas?

En fin. Mis disculpas y propósito de la enmienda. Hasta la próxima.


Las TIC se olvidan

Mayo 6, 2007

Hace no muchos días el Presidente Zapatero presentaba solemnemente su primer “Informe Económico”, un documento de lectura recomendada.

En las primeras páginas, después de glosar el buen estado de nuestra economía, el informe destaca que:

“uno de los retos principales de la economía española para seguir aumentando
su renta per cápita y su bienestar es crear empleo y, simultáneamente, aumentar su productividad”

Para los que defienden (defendemos) la causa de las TIC, una referencia a “aumento de productividad” sugiere inmediatamente “uso intensivo de las TIC”.

Pero este reflejo (acción – reacción, productividad – TIC) no aparece en el informe del Presidente. De acuerdo con otros diagnósticos anteriores, se destaca que el diferencial de productividad de España con los países de referencia se centra en lo que los economistas denominan la “productividad total de los factores” (PTF), que en esencia es la que no se deriva directamente de la intensidad de capital ni del aumento de la fuerza de trabajo.

El análisis de las ganancias de la productividad durante la última década en los países que más han conseguido muestra una contribución esencial de las inversiones en Tecnologías de la Información, tanto en la productividad del trabajo como en la PTF. (Ver, por ejemplo). Pero este rol de las TIC no aparece en el informe del Presidente.

No corresponde entrar aquí más a fondo en la cuestión de las TIC y la productividad. Pero preocupa, o incluso decepciona, que no se haga en un documento como el informe del Presidente. España es uno de los países de Europa con menor intensidad en el uso de las TIC, y costaría entender que eso no tenga nada que ver con la situación de la productividad.

Más preocupante es aún que esta omisión no sea excepcional en documentos de nuestras políticas públicas. Que, por la razón que sea, como el informe del Presidente, se olvidan de las TIC.

Hablaremos más de ello, si interesa. Cualquier opinión o sugerencia será bienvenida.


Sobre nuestra (des) conexión a la red

Mayo 3, 2007

En un post de no hace mucho (ver) comentaba que España figura en la posición 32 del último “Network Readiness Index” (NRI) del World Economic Forum.

Me acaba de llegar el documento completo del WEF en papel, y no puedo resistirme a comentar una primera impresión.

El NRI es un índice compuesto de 66 indicadores de índole diversa. En muchos de ellos, el ranking español tiene una desviación relativamente pequeña respecto de la posición media (la 32).

Las mayores desviaciones positivas corresponden a la Calidad de las escuelas de negocios y a la Contratación de licencias de tecnología extranjeras (posición 11).

Las mayores desviaciones negativas corresponden al Tiempo necesario para arrancar una empresa (posición 88), la Calidad de la educación en matemáticas y ciencias (82) y …

… el Exito de las políticas de promoción TIC de las Administraciones (88). Al respecto de esto último, señalaría el ranking en Importancia de las TIC en la visión de futuro de las Administraciones: Posición 75.

De acuerdo. Es sólo un índice. Habría que ver cómo se ha calculado. Podría ser discutible. Pero podemos ponerlo a debate:

Ante la pregunta: “Cree que las Administraciones tienen un plan de implantación claro para utilizar las TIC en la mejora de la competitividad global del país?” (1 = Nada de Acuerdo; 7 = Completamente de acuerdo), ¿cuál sería vuestra respuesta?


Envidiar a trozos

Mayo 2, 2007

Datos disconexos (?) al hilo de las lecturas de fin de semana:

  • Según un estudio presentado en el primer Congreso Internacional sobre Violencia de Género, celebrado hace poco en Valencia, entre el 40 y 50 por ciento de las mujeres de países como Finlandia, Suecia y Alemania había sido víctima de la violencia por parte de algún hombre. (Un hecho al parecer relacionado con el consumo de alcohol: una botella de licor por persona y mes).
  • El índice elaborado por la organización Transparency Internacional, califica a Finlandia como el país menos corrupto del mundo. (Sospecho que la aparición del asunto “corrupción” en la prensa española de estos días tiene algo que ver con la cuestión de la “burbuja” inmobiliaria”, pero estirar de ese hilo me apartaría de la línea).

Si seguimos fijándonos en Finlandia, tenemos en mente que Nokia es finlandesa y que Finlandia está en los primeros puestos del ranking mundial en uso de las TIC y desarrollo de la sociedad de la información; dos datos que pueden o no estar directamente relacionados.

También que su sistema educativo se considera modélico (Ver, por ejemplo).

También, puestos a acumular datos, que mientras en Barcelona vamos hoy vestidos de primavera o verano, la temperatura en Helsinki apenas sube de cero grados. Y que la tasa de suicidios en Finlandia triplica la española (estos días recomiendan una novela finlandesa sobre este asunto).

Todo esto viene al hilo de que, cuando se trata de acelerar el desarrollo de la sociedad de la información en Cataluña, siempre aparece alguien que sostiene que deberíamos tomar a Finlandia como referencia, que Cataluña debería aspirar a ser la Finlandia del Mediterráneo.

Pero, ¿es posible “importar” de Finlandia la sociedad de la información, pero no los maltratos, los suicidios o el bajo índice de corrupción? Podemos no saber la relación exacta entre todos estos temas, pero parecería igualmente aventurado suponer que no tienen ninguna.

La vida nos enseña que es poco útil, y a veces incluso peligroso, “envidiar a trozos”. A una persona; a una empresa; a un país. Ni siquiera a Finlandia, creo.